lunes, 14 de junio de 2010

Guerra contra los sindicatos


Hace un par de años que leí un libro titulado “La mano invisible del Gobierno” (Editorial Planeta) del periodista económico Emilio J. González (Expansión, La Gaceta de los Negocios, Dinero, Libertad Digital, entre otros medios con los que ha colaborado).

El libro, narrado en clave de historia reciente, trata de la lucha y los juegos de poder entre las oligarquías sociales, económicas y políticas. El nivel de detalle con el que está escrito hace pasar un buen rato pese a que (lástima) en el libro haya buenos y malos, lo que resta objetividad. Con independencia de esto, el libro es tan bueno que tiene fragmentos que te hacen levantar la mirada para pensar.

Hay un apartado que me gusta especialmente y que suelo citar con frecuencia. Hace referencia a la huelga general de 1988 – tema de actualidad – y al enfrentamiento entre los dos grandes sindicatos (UGT y CCOO) y el gobierno de Felipe González.

El periodista comienza reconociendo el respaldo generalizado de los dos sindicatos a los gobiernos, primero de Adolfo Suárez y luego del socialista Felipe González. Firmando, por ejemplo, los Pactos de la Moncloa (1978) con el fin de poner un poco de orden en el panorama económico. Fueron unos pactos que obligaron a ceder a todos: a la UCD en el gobierno, al PSOE – en ese momento en la oposición – y a los sindicatos, por entonces liderados por Marcelino Camacho, en el sindicato comunista, y Nicolás Redondo, en la central sindical socialista. Todos cedieron en beneficio de la consolidación de una frágil e incipiente democracia y pos de una transición tranquila.

En 1982, explica Emilio J. González, con la llegada de los socialistas al poder estos tenían en los sindicatos a sus aliados. Ese apoyo, por ejemplo, ayudó a que el país entrara en el selecto grupo de la CEE (ahora Unión Europea) y a dos hechos fundamentales para la economía española: la privatización de las empresas públicas y la durísima reconversión de la minería y los astilleros de los ochenta. La colaboración entre una “izquierda moderada” y CCOO-UGT contribuyeron sin duda al progreso de nuestra economía. Los intereses generales se estaban poniendo por delante de los intereses individuales o partidistas.

El problema es que la colaboración no fue desinteresada. Ambas centrales sindicales – situación de la que somos herederos en la actualidad - consiguieron una representatividad que no se correspondía con su realidad social. España es un país con baja afiliación sindical y poco compromiso de los trabajadores en la defensa de sus derechos.

Carlos Solchaga, Ministro de Economía y Hacienda de la época (1985-1993), nunca fue del agrado de los sindicatos puesto que pertenecía a la Beautiful People de los socialistas. Los líderes sindicales pensaban que la España del pelotazo – de los Conde y De la Rosa – sólo estaba beneficiando a unos pocos. Nuestro país era – en palabras del propio exministro - “donde uno puede enriquecerse más rápido” pese a que, esa prosperidad y en opinión de los sindicatos, no alcanzaba a todas las capas de la sociedad.

Esa situación acabó por desesperar a las centrales sindicales y desembocó en la más famosa y exitosa huelga general, la de diciembre de 1988 (14-D). Secundada de forma masiva por toda la población, la protesta hizo tomar nota al gobierno de Felipe González y haría virar el rumbo de su política. De todos modos, el más dolido de los Ministros fue Carlos Solchaga. Había sido una bofetada a todo el gobierno pero la sintió como propia. Aquello no iba a quedar así…

El periodista nos recuerda que, tras la vuelta a la legalidad, los sindicatos habían erigido estructuras faraónicas sobre las que apoyaban su representatividad pero que les resultaba imposible financiar con las escuetas aportaciones de sus afiliados. Ello les llevó a crear toda una maraña de asociaciones, fundaciones, cooperativas y demás chiringuitos que les ayudarían a drenar recursos al Estado, a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos.

Solchaga vio que justamente ese era su talón de Aquiles. Por este motivo encargó un informe “a medida” a Luis Albentosa, Director General de Política Económica, para averiguar, con el máximo detalle, todas las ayudas directas e indirectas que recibían los sindicatos desde todos los niveles de las administraciones públicas. El resultado – que nunca ha trascendido – fue sencillamente era escandaloso…

Con esa arma de destrucción masiva Solchaga convocó a su despacho del Ministerio a los líderes sindicales. Unos sindicalistas suponían que eran llamados por el Ministro para implorar una tregua. Aunque nada más lejos de la realidad. Tan pronto se sentaron se les plantó sendas copias del informe. “O los sindicatos ponían fin de manera unilateral y sin condiciones a las hostilidades o el informe se filtraría a la prensa, provocando un escándalo sin precedentes” - señala el periodista – obligando a los socialistas a recortar drásticamente las ayudas y subvenciones a los sindicatos.

La victoria de Solchaga fue casi total, porque consiguió vengarse, pero por otro lado aplastó toda futura colaboración entre los socialistas y las centrales sindicales. Un desencuentro que duraría, nada más y nada menos, que hasta la llegada del PP al poder en 1996.

(Publicado en Diario Ultima Hora de Ibiza-Formentera el 13-6-2010)

Ampliación: Ana, una buena amiga me envía la siguiente noticia a raíz de la publicación del artículo "Los sindicatos se suben los salarios y las dietas en plena crisis económica"

domingo, 18 de abril de 2010

Índice de Angustia





Nivel de Estrés Actual: 69,65
Promedio histórico (desde junio-1985): 44,18
 
  • Desempleo :               18,83 %
  • PIBt-1 x (-1) :              4 %
  • 100 – GUCP :            (100 – 69,9) = 30,12 %
  • IPC :                           0,8 %
  • Déficit B.Pagos:         4,7 %
  • Déficit AAPP :           11,2 %
Actualizado al 31 de marzo de 2010
 
Metodología:

El objetivo no se más que una simplificación de lo que ocurre en la economía ya que el Índice de Angustia no utiliza más que un puñado de estadísticas. Los indicadores estadísticos utilizados se han escogido porque son los que se utilizan en la versión del Distress Index original, publicado por la Foundation for Economic Education (FEE) para EEUU, y porque asimismo son los que gozan de mayor aceptación por la comunidad científica. Todos los datos se obtienen de fuentes estadísticas oficiales.

Se ha intentado respetar al máximo la equivalencia con los datos utilizados por la FEE. Pese a ello, se ha decidido no utilizar el “Household Financial Obligations as a percent of Disposable Personal Income” (FODSP), que sería equivalente al “Pagos por deudas en relación con la Renta Bruta Disponible (RBD)” español, porque hace poco tiempo que se publica y se hace con bastante retraso. En su lugar – aunque no sean equivalentes - se ha considerado un buen sustituto, y también ampliamente aceptado, la “capacidad (+) o necesidad (-) de financiación de las AAPP en relación con el PIB”, lo que se conoce como déficit-superávit público o saldo presupuestario.

También se ha incluido en el índice para España el “Saldo de la Balanza de Pagos por Cuenta Corriente en relación con el PIB”, puesto que es uno de los problemas actuales más acuciante de la economía española y con importantes repercusiones.

ESTADÍSTICAS INCLUIDAS:
  • Desempleo: Es la medida de paro en relación con la población activa. FUENTE: Encuesta de Población Activa (INE).
  • Producto Interior Bruto: El PIB es el valor de mercado de todos los bienes y servicios finales producidos en un área geográfica concreta durante un período de tiempo determinado. Es la medida más ampliamente utilizada para indicar la “salud” de una economía. Para determinar el Índice de Estrés se resta la variación porcentual positiva del PIB del período anterior, o se suma si ha sido negativa. FUENTE: Contabilidad Nacional Trimestral de España (INE).
  • Grado de Utilización de la Capacidad Productiva (UCP): es un indicador coyuntural que mide la evolución trimestral de la utilización de la capacidad productiva instalada de la industria. El Índice de Estrés utiliza el dato que resulta de restar a 100 a la UCP del período. Así, por ejemplo, si la UCP es del 70 por ciento, tenemos que añadir un treinta por ciento a nuestro índice como medida de la capacidad ociosa. FUENTE: Banco de España (Cuadro 3.6).
  • Índice de Precios al Consumo: El es una medida estadística de la evolución de los precios de los bienes y servicios que consume la población residente en viviendas familiares en España. FUENTE: Índice de precios al consumo (INE).
  • Balanza de Pagos: Los saldos de los distintos componentes de la balanza de pagos aportan información acerca de la situación de un país con respecto al exterior. Cuando un país compra más de lo que vende tiene que financiar la diferencia con préstamos; por el contrario, si vende más de lo que compra, puede prestar a otros con el excedente generado. Para determinar el Índice de Estrés se resta la variación porcentual positiva del último período o se suma si ha sido negativa. FUENTE: Funcas
  • Saldo presupuestario: Es la Capacidad(+) o necesidad(-) de financiación de la Administraciones públicas en porcentaje sobre el PIB. El concepto de déficit fiscal describe la situación en la cual los gastos realizados por el Estado u otras entidades públicas en un determinado período, normalmente un año, superan a sus ingresos. Cuando se habla de déficit público se está haciendo referencia al déficit del conjunto de las administraciones públicas de un país (el Estado, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos), siendo el déficit público la suma de todas ellas. Para determinar el Índice de Estrés se resta la variación porcentual positiva del último período o se suma si ha sido negativa. FUENTE: Funcas
Señala el FEE, en el índice original, que es importante destacar que las estadísticas nunca pueden representar lo que lo que está sucediendo en la economía real, que es mucho más. Las estadísticas son simplemente una abstracción de la realidad y, como tales, algo imperfecto. Sin embargo, este índice tiene un valor importante por dos razones:
 
  •     En primer lugar, nos da una herramienta para ayudar a interpretar lo que los medios de comunicación y el gobierno nos están diciendo acerca de la economía.
  •     En segundo lugar, el FEE espera que el contribuyente tome consciencia de las duras condiciones que se están padeciendo en la actualidad. Esperan, por tanto, que el índice mantenga la presión sobre los responsables políticos y líderes de opinión para que se tomen decisiones para mejorar la economía.

Perspectiva Histórica:
Máximo histórico: 69.65 en diciembre 2009
Mínimo histórico: 30,75 en octubre 2006
Punto más alto durante la presente recesión: 69.65 en diciembre 2009
Promedio 1985-1990: 47,02
Promedio 1991-1995: 55,99
Promedio 1996-2000: 41,05
Promedio 2001-2005: 34,44
Promedio 2006-2010: 41,96
  
Después de un somero análisis histórico sobre el índice podemos ver que los resultados son bastante significativos. El índice muestra una cierta resistencia a romper un suelo que parece tener en 30,0.

El índice es realmente útil para decirnos, no sólo donde hemos estado, sino adónde nos dirigimos con independencia de lo que nos cuenten.
 

martes, 16 de febrero de 2010

Jubilarse a los 50

Todo el mundo - menos los sindicatos - está más o menos de acuerdo en que el actual sistema de pensiones es un fracaso. Es – me atrevería a afirmar – un engaño para la sociedad del estilo de las estafas piramidales. Y que sólo es legal porque el promotor es el Estado y en este caso parece que el fin justifica sus medios puesto que se hace en aras de un objetivo superior llamado “estado del bienestar”.

El sistema mal llamado “de reparto” – léase “de expolio” – sólo se permite a los Estados porque son ellos los que tienen la fuerza. El que hace la ley hace la trampa y “tienen la sartén por el mango” (el “mango” también). Si los planes de pensiones privados hicieran lo mismo ya los habrían cerrado todos.

Gobierno y oposición lo saben. Pero los primeros prefieren mirar para otro lado, porque no están las cosas como para quemar más al personal, en un momento en el que no andan sobrados de popularidad y los otros se ponen de perfil para que el enemigo se siga desgastando.

A estas alturas todo el mundo conoce la diferencia entre ambos sistemas: el “de reparto" consiste en que las aportaciones de los cotizantes actuales van a pagar a los actuales jubilados del sistema; el “de capitalización consiste en que cada uno va haciendo su propia pensión, crea su propia bolsa de dinero y, cuando decide retirarse, lo convierte en una renta durante los años que se estiman de esperanza de vida.

No es de recibo que tengamos que pagar la pensión de nuestros padres, cuando su dinero se ha dilapidado pagando la pensión de otros, y que nuestros hijos tengan que pagar la nuestra. Ojo al dato porque luego vuelvo sobre este asunto.

El dinero que recibe en la actualidad un pensionista no depende de su propio esfuerzo, sino de criterios políticos que en un momento dado pueden estar alineados con ellos, y en contra de los paganos, y en otro, de forma arbitraria, sumirlos en la indigencia.

El Pacto de Toledo no es más que un “es-mejor-que-no-digamos-nada-no-vaya-a-ser-que-la-gente-se-cabree”. Bajo un pacto de silencio los partidos políticos acuerdan no utilizar las pensiones con fines electoralistas porque hablara quien hablara destaparía el fraude. De este modo, no sabemos qué opina ningún partido y nadie hace propuestas ¿tan mal estamos?.

UGT y CCOO ya anuncian que se manifestarán el 23-F contra la reforma de las pensiones actos y mas actos, hasta el 6 de marzo en todo el país, para defender el sistema de pensiones porque “es la entidad más solvente de España” (sic).

No será tan solvente cuando todo el mundo dice – por lo bajini – que "algo se tiene que hacer".

Un sistema en el que cada uno fuese acumulando su aportación – a la que se podría detraer un pequeño porcentaje solidario – se recuperaría junto con los rendimientos generados durante toda la vida laboral. De este modo, el trabajador podría decidir el qué, el cómo y el cuando de su propia pensión.

Más del setenta por ciento de los españoles reconocen que ahorrar para la su jubilación es “muy importante” y casi el cuarenta por ciento piensa que con la pensión de la Seguridad Social no va a tener suficiente para vivir como cuando estaba en activo pero, y ahí está la paradoja, solo un uno de cada tres está ahorrando de forma decidida para paliar tal situación (Fuente: El País).

Y es que, en el fondo somos idiotas (si, si, i-dio-tas). Cuando se nos deja pensar por nosotros mismos, cuando podemos tomar el control, nos comportamos como auténticos analfabetos financieros ya que, de los cuatro millones de trabajadores autónomos que hay en España la mayoría sólo cotiza por la base mínima, dejando su indemnización por incapacidad temporal o permanente, o su pensión en el grave riesgo de que sea insuficiente. Si al menos se complementara con alguna cobertura privada, pues pase, pero es que tampoco en la mayoría de los casos.

Pues mira, ni el Estado ni nadie debería decirnos cuando tenemos que jubilarnos. Es hurtar a los ciudadanos la posibilidad de razonar acerca de jubilarse a una edad diferente. Rasgarse las vestiduras por que se retrasa la edad oficial dos años, es no pensar que es posible la jubilación a los setenta o los cincuenta. Si los cincuenta mil euros que te has gastado en el todoterreno, o que has invertido de más en compra de tu nueva casa, lo hubieras invertido en un plan de pensiones o un fondo de inversión, de esos que invierten en bolsa – con una rentabilidad que históricamente se ha demostrado superior al 10% - a los sesenta y cinco tendrías medio millón de euros, una estupenda pensión que no te haría ser una carga para tus hijos, ahí es nada…

(Artículo publicado en Ultima Hora Ibiza y Formentera)